Estás navegando por los archivos mensuales para junio 2010.
Arrugada como una pasa. Encogida como un feto. Cerebro completamente exprimido.
Sequía es el desierto y es el vacío, pero también es sobreexposición y claridad.
Dos semanas. Escribes mierda, sólo mierda. Fotografías nada. Ausencia del todo. La entelequia por lo que podría ser.
Mañana irás a comprar pintura y te creerás que con eso puedes hacer algo. No te engañes.
Deja de contar los días y enfréntate a lo que no tienes. A lo que no quieres ser y en lo que casi te estás convirtiendo.
Suaves notas de piano. Como cuando te acercas con miedo a un instrumento que no es tuyo y que sabes que sólo saldrá ruido, horrible ruido.
Una figura transparente toca las teclas, las aporrea. Te levantas cabreada y gritas, sabes que les duelen los golpes. La figura levanta la cabeza y se queda mirándote fijamente. Acaba de mandarte callar con un gesto de cabeza. Pero ahora ya únicamente eres capaz de mover los ojos. Tu cara y tu cuerpo bloqueados. Diriges tu mirada de sus ojos a sus manos, y luego a las blancas teclas. Los ojos de la silueta abiertos de par en par, sin pestañear, negros como las bemoles. Abre la boca y aspira, como si te pidiera que respires por ella. La opresión aumenta y luchas con fuerza por moverte, por poder escapar de esa cara sin forma… Y suena un acorde. La lucha se detiene. No te has dado cuenta, pero has cerrado los ojos y mueves la cabeza con una sonrisa en los labios, recordando los sonidos. Cuando los abres, aún suena la música pero la figura ya no está tocando. Te observa atentamente mientras un lamento cae en el aire. Acabas de respirar por ella.
Polar y Otro. Tú eres las manos, yo la mirada.
No son buenas. Sabes que no son buenas. Es más, quieres y necesitas que te digan que no son buenas. Hoy lo has oído. “¡Quita eso!”. Gracias, de verdad. Qué difícil es sorprenderle.
Levantas la cabeza, miras al techo, pensando a lo lejos, y luego te enfrentas a su cara: “Algún día mis fotos te sorprenderán. Y te alucinarán”. Media sonrisa y contesta: “Lo sé”.
La otra “chica diferente” le secunda y él, refiriéndose a ti, le dice: “Ella es única”.



